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La puerta solo tenía pasador. La ventanita del baño daba para un patio donde se miraba la recepción. Durante los 20 minutos que la policía se tardó en llegar al hotel, el cliente golpeaba la puerta delgada de madera del baño mientras le gritaba que Lucía se saliera. Casi botó la puerta.

Los agentes de la PNC nunca le tomaron los datos del agresor a pesar de las marcas en el cuello de Lucía. Les expliqué que soy trabajadora sexual y que él me atacó porque no se quiso poner el preservativo. Sólo se quedaron viéndose entre los dos. No sé, como que si yo lo hubiera pedido, como si fuera mi culpa.

Los agentes le pidieron que el agresor le pagara a Lucía, que si no lo iban a consignar. Le pagó a Lucía los Q75 que habían acordado antes de ir al hotel y se fue. Pasaron varias semanas hasta que Lucía se recuperó del susto. Describir el episodio hoy no le quita la fuerza y calidez que transmite esta morena cuando cuenta sobre su vida como mujer y trabajadora sexual.

Recuerda con una sonrisa cuando empezó hace casi una década en un bar que se llamaba El Dólar y la ingenuidad la primera vez que atendió a un cliente. Cómo el primer cliente le enseñó a poner un preservativo. Cómo se quitó toda la ropa sin saber que se cobraba por cada pieza y por el tipo de servicio. Se recuerda que se acababa de graduar cuando una amiga la llevó al bar, y aunque no quería, aceptó el trabajo porque necesitaba dinero para su abuela que estaba enferma.

Ahora se mantiene en una esquina en el Centro Histórico. Siempre de forma independiente. El ataque el año pasado es el primero en su vida como trabajadora sexual y no le hizo cambiar su postura sobre su oficio. Odio que me manden. Pero en mi trabajo, no. Es cierto, tal vez al principio yo no quería, lo hice porque mi abuela estaba enferma. No te salen trabajos, tenés necesidad, y tenés esa facilidad de conseguirlo. Incluso cuando tenía 19 años conseguí un trabajo como encargada en una empresa grande aquí en Guatemala y trabajaba en esto como un ingreso extra.

Llevaba un año cuando un día mi jefe me humilló delante de todos. Por eso, pensando en el futuro, en varias ocasiones ha intentado sacar un préstamo para iniciar un negocio que la pueda mantener al momento de retirarse del trabajo sexual.

Se ponen todo raros, no saben ni qué decirme. Y no voy a cumplir nunca los requisitos que ellos piden. Un trabajo, carta laboral, estados de cuenta. Por la ley de extinción de dominio, el banco podría reportar los depósitos de Lucía y cualquier otro que ejerce el trabajo sexual legalmente, porque el origen del dinero viene de interacción ilegal; la remuneración por un acto sexual.

Le podrían decomisar todo el dinero. Pero Lucía es emprendedora. Excluida del sistema bancario, tiene otro plan para seguir trabajando por su cuenta y de forma independiente sostener su familia. Pero yo sí quiero. Porque yo solo pienso en tres personas: Eran dos mujeres, veintañeras. Algunos medios apenas las mencionaron. Un par de fotos escalofriantes. Un par de líneas sin mayores detalles.

Sin caras, sin nombres. Una mujer que se dedicaba a la prostitución fue asesinada el 1 de febrero. Por eso, especulaba un oficial de la PNC, no se prestó mucha atención al asesinato de estas dos mujeres en los medios de comunicación.

Pero no es cierto. No fue un día particularmente violento. La realidad es que los asesinatos a las trabajadoras sexuales no reciben mucha atención. Han pasado cuatro meses. Una de las asesinadas se llamaba Joselin Vasquez. Era amiga de Lucía. En algunos de los hoteles de allí del Cerrito del Carmen, allí mismo les venden drogas a los clientes. Porque a veces los clientes te pagan también por drogarte. Joselin y Lucía se conocieron en en el Trébol, zona 11 de la capital.

Joselin acababa de empezar. Contrario a Lucía, a Joselin nunca le gustó ser trabajadora sexual. Cuando no tenía ella cliente, tenía yo. Y cuando no tenía yo, tenía ella. Era una persona bien amable, molestaba mucho y nos reíamos por todo. Creo que de la tristeza porque no le gustaba este trabajo.

Nunca me dijo por qué, pero decía que no quería ejercer el trabajo sexual. Cuando se fue se recuperó bastante, dejó de tomar. Era su pareja y parece que se drogaba. Por eso le quitaba el dinero que ella hacía. Cuando me enteré que la habían matado, le preguntamos a él qué le había pasado y qué pasó con sus hijas. Solo nos dijo que no la conocía. Negó por completo conocerla. Una semana antes de que Joselin fuera asesinada, Lucía la encontró en la zona 1, cerca de la Municipalidad. Arreglada, con el pelo planchado.

Nunca me mencionó que la habían amenazado ni nada. Pero me contó que estaba pagando Q50 diarios por extorsión. Lo tenía que pagar en un punto, un hotel donde tenían guardadas drogas. La siguiente semana me enteré de que la habían matado. Por su edad hay cada vez menos trabajo para ella. Yo empecé a los Pero a partir de los 25 ya empieza a bajar. Como quieren puras patojitas… Entonces yo ya casi no voy.

Pero por la edad ya no te dan trabajo en otro lugar. Dejé casi toda mi vida en el Trébol. Fabi se graduó de contadora a los 18 años y consiguió trabajo en un supermercado. La despidieron a los 19 años cuando quedó embarazada. Así empezó en el trabajo sexual en el Trébol. Tiene la mirada distante, apagada. Años de exposición al ambiente fuerte de la calle en el Trébol le cayeron encima. Robos y rivalidades —a veces a golpes— entre las mujeres, abusos de clientes y policías, recibir dinero para tomar o consumir drogas con los clientes, extorsiones.

No el trabajo en sí. Ya no quiere regresar. Porque pasa de todo. Incluso una vez llegaron dos niñas, de 16 o 17 años. No se quién las llegó a explotar. La coca es las que se consigue primero. A veces uno se pierde por su propia mano y sale cara la broma. Empecé para pagar mis deudas, de ropa, de renta, así. Después paré trabajando por un círculo vicioso. Ya no quiero llegar, por eso. Si no llego allí, no consumo. Si el trabajo sexual en Guatemala fuera regularizado, Fabi podría haber contribuido durante sus 20 años de trabajo a la seguridad social para su pensión y así fundamentar su derecho a jubilarse al llegar a cierta edad.

Pero no existe ninguna ley de jubilación para el comercio sexual en Guatemala. Por el momento Fabi no sabe qué hacer, solo que ya no quisiera regresar. Sin un ahorro y sin acceso a un préstamo, sus opciones son limitadas y este mismo día regresó a la cuadra donde ofrece sus servicios. Con menos clientes cada vez Fabi tiene que bajar sus precios para poder competir. Piden rebajas o que Fabi descuente el precio del hotel.

Gana unos Q por semana. A Lucía también le regatean. Ofrece sexo vaginal a mínimo Q75 si sólo se quita el pantalón. Otros Q75 si es sin la blusa también. Por sexo oral cobra entre Q75 y Q Todos los servicios son de hasta 30 minutos.

Tampoco ofrece sexo anal. Tiene un ingreso promedio de Q1, por semana. Aparte de los clientes que la buscan en su esquina donde normalmente trabaja de 10 de la mañana a 5 de la tarde, Lucía tiene unos diez clientes fijos que la llaman durante la semana. La mayoría una vez a la semana, o cada dos semanas. Un cliente la llama hasta tres veces por semana. Todos son mayores de 30 años. Así lo prefiere Lucía porque tienden a tratarla mejor.

Y su situación le permite escoger la calidad de cada cliente, y no la cantidad. Es un amor de gente. Anteayer me dio Q y no hicimos nada sexual. Me acompañó a hacer unos mandados y platicamos. Y que ha recibido unas llamadas extrañas en su teléfono. Preguntó si yo lo estaba llamando, pero yo ni tengo su teléfono. Uno de sus clientes fijos la visita desde hace cinco años, es doctor y trabaja en otra ciudad en el IGSS.

Le paga el taxi y a veces le lleva a hacer compras en el supermercado. Fue el primer cliente con quien Lucía se involucró no solo profesionalmente, sino emocionalmente. Pero después yo dije, no me tengo que enamorar. A veces uno sí se enamora de sus clientes. La mayoría son jóvenes. Algunas con sus hijos entre sus brazos. Solo aquí reciben después de cada cita una caja de preservativos. Puede incluso ser feminista. Esta visión desafía al feminismo tradicional, que considera la industria del comercio sexual como una desagradable fuente de inequidad sexual.

Pertenecen a diversos grupos pequeños que a veces compiten y cuestionan entre sí su buena fe en las redes sociales y a través de un blog llamado Tits and Sass. Las mujeres que defienden abiertamente la despenalización casi siempre son blancas. Las mujeres transgénero plantean objeciones similares. Ejerció como trabajadora sexual para pagar su maestría en trabajo social en la Universidad Estatal de Arizona.

Su caso se hizo célebre cuando apeló su sentencia; argumentó que esa noche solo quería salir a tomar una cerveza y ganó el caso. Algunos de quienes se oponen a la despenalización se llaman a sí mismos abolicionistas, invocando intencionalmente la batalla para terminar con la esclavitud. Puesto que los abolicionistas perciben a estas mujeres como víctimas, en general se oponen a su arresto.

Sin embargo, quieren seguir usando el derecho penal como un arma de desaprobación moral para perseguir a los clientes de sexo masculino, junto con los proxenetas y los traficantes, pero este enfoque enreda a las trabajadoras sexuales en una maraña legal. Las líneas de combate de las feministas estadounidenses en la batalla contra la venta de sexo se establecieron en la década de De un lado estaban las feministas radicales como la escritora Andrea Dworkin y la abogada y jurista Catherine MacKinnon.

Fueron las primeras abolicionistas: Se relegó a las sexo positivas a la periferia. Las abolicionistas querían borrar la tradicional distinción legal entre prostitución forzada y prostitución consensuada para que siempre se considerara trata de personas.

En trataron de convencer al Presidente Bill Clinton y también a Hillary Clinton, que era presidenta honoraria del Consejo para la Mujer del gobierno de Clinton de que adoptara esta amplia definición en un tratado penal internacional y una ley federal sobre la trata de personas.

Perdieron la batalla para definir todas las formas de prostitución como trata de personas durante el gobierno de Clinton. Cuando se eligió a George W. Bush en el año , Hughes y otras abolicionistas conformaron una coalición con grupos religiosos, incluyendo a republicanos evangélicos, para que hicieran presión política ante el nuevo presidente. IJM recibía cientos de donaciones provenientes de los Estados Unidos. Después de algunas redadas llevadas a cabo por fuerzas policiales en India e Indonesia, se deportó a niñas y mujeres que quedaron detenidas en instituciones donde sufrieron abusos y se les obligó a tener sexo con la policía, de acuerdo con un boletín de de la Organización Mundial de la Salud y la Coalición Mundial para las Mujeres y el SIDA.

Dos años antes, cuando el IJM informó que había menores en un burdel de Tailandia, la policía hizo una redada y encerró a las mujeres que trabajaban ahí en un orfanato. Burkhalter dice que no recuerda la pregunta de Girard, pero la policía no permitió que IJM participara en la redada en Tailandia.

Melissa Farley, una psicóloga que recibió fondos del gobierno de Bush, escribió en en la revista Women and Criminal Justice que cualquier mujer que afirmara haber escogido la prostitución estaba actuando de manera patológica: Los investigadores no abolicionistas la criticaron por presentar el daño brutal de algunas experiencias de prostitución como una realidad casi universal sin evidencias sólidas.

En , la Corte Suprema derogó la necesidad de la garantía antiprostitución para los grupos en Estados Unidos, pues consideró que violaba sus derechos de libre expresión. Sin embargo, la decisión no se aplica a grupos extranjeros, que siguen sin poder recibir financiación federal para la lucha contra el Sida si apoyan el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales.

El debate actual sobre el trabajo sexual en Estados Unidos a menudo se enmarca en la elección de distintos sistemas legales internacionales. Los abolicionistas se apegan a lo que llaman el modelo sueco o nórdico. En , a instancias de las feministas, el parlamento sueco aprobó la Ley de Adquisición Sexual, que establecía la compra de sexo como delito.

Una década después, Suecia anunció una reducción de hasta el 50 por ciento de la prostitución en las calles y proclamó que la ley había sido un éxito. Aunque nadie había registrado datos sobre la prostitución en las calles antes de que se aprobara la ley, la disminución de la que se hablaba se convirtió en el mayor atractivo en un sistema que castigaba a los hombres.

Los activistas del trabajo sexual rechazan este modelo. Sus amigas, también inmigrantes, al igual que muchas mujeres que venden sexo en Suecia y Noruega, la buscaron cuando no apareció. En las redes sociales, las trabajadoras sexuales estadounidenses mostraron su empatía con sus hermanas francesas, que hicieron una marcha de protesta. Australia ha adoptado un modelo legal muy diferente del sueco. En , un estado australiano, Nueva Gales del Sur, derogó sus leyes penales contra la prostitución, con lo cual dieron libertad a los adultos que estén de acuerdo con vender y comprar sexo; también permitieron que los burdeles operaran como muchos otros negocios en otros estados australianos hay otras leyes.

Cuatro años después, Nueva Zelanda implementó la despenalización total. Los abolicionistas predijeron que habría un aumento explosivo de prostitución. Hace unos cuantos años, una dominatriz y activista de Seattle que se hace llamar Señora Matisse viajó a Australia durante tres semanas y pasó una de ellas trabajando. Atendía a tres o cuatro clientes cada noche y luego iba a la playa.

Matisse comparó el trabajo en Australia con su trabajo en un burdel de Nevada hace varios años. Prefiere Australia por mucho. En Alemania hay un comercio que también se clasifica en dos modalidades. El país se convirtió en un destino creciente para el turismo sexual después de que en se introdujeran nuevas reglas para el comercio sexual legal, con un estimado de Las inmigrantes que trabajan fuera de la ley, a algunas de las cuales engañan para que crucen la frontera, enfrentan la misma amenaza de deportación que en Suecia.

Mientras tanto, los requisitos para la licencia subieron el coste de establecimiento de burdeles, con lo que se favoreció a las cadenas y empresas grandes, incluyendo un burdel de 12 pisos y luces de neón en Colonia.

Ese no es el modelo por el que luchan las trabajadoras sexuales, pues les quita autonomía. Melissa Farley, la psicóloga e investigadora abolicionista, rechaza todos estos modelos.

Para Amnistía, la lección es que la despenalización no es como oprimir un botón: Hay señales de que esto ya ha comenzado: Hace sesenta años, después de que Gloria Steinem se graduara del Smith College, pasó dos años en India becada para observar la reforma agraria basada en aldeas.

Hasta hace poco, las feministas de la India compartían la opinión de Steinem sobre la prostitución, pero muchas han ido cambiando poco a poco su manera de pensar.

En , Lalitha Kumaramangalam, presidenta de la Comisión Nacional de India para la Mujer, se pronunció a favor de la despenalización; argumentó que ayudaría proteger a las trabajadoras sexuales de la violencia y a mejorar su atención médica.

Las reacciones en la India fueron encontradas. Fundados a principios de los noventa, los colectivos mostraron primero su aptitud para ayudar a reducir el contagio de VIH. Gates terminó por anunciar que la fundación que creó junto con su esposo, Bill Gates, gastaría millones de dólares para combatir el VIH en India, cantidad que luego aumentó a millones.

Aunque en la India es ilegal ser dueño de un burdel o vender sexo en la calle, la prostitución a puerta cerrada no va contra la ley.

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Algunas de sus inquietudes pueden ser muy diferentes a las de mujeres que sienten la obligación de vender sexo para sobrevivir: Los defensores de derechos humanos tienden a enfocarse en personas con situaciones difíciles. Pero no es el caso, así que quiero vivir en un mundo donde las mujeres lo hagan en gran medida voluntariamente y de manera segura.

Amnistía y Human Rights Watch, junto con otros grupos que apoyan la descriminalización ONUSIDA, la Organización Mundial de la Salud y la Comisión Mundial sobre el VIH y la Legislación reconocen que puede haber daños graves asociados con la industria del sexo, pero afirman que consideran los cambios en las leyes una condición previa para reducir esos daños.

Sin embargo, el movimiento de las trabajadoras sexuales también descansa en una convicción ideológica: Puede incluso ser feminista. Esta visión desafía al feminismo tradicional, que considera la industria del comercio sexual como una desagradable fuente de inequidad sexual.

Pertenecen a diversos grupos pequeños que a veces compiten y cuestionan entre sí su buena fe en las redes sociales y a través de un blog llamado Tits and Sass. Las mujeres que defienden abiertamente la despenalización casi siempre son blancas.

Las mujeres transgénero plantean objeciones similares. Ejerció como trabajadora sexual para pagar su maestría en trabajo social en la Universidad Estatal de Arizona. Su caso se hizo célebre cuando apeló su sentencia; argumentó que esa noche solo quería salir a tomar una cerveza y ganó el caso. Algunos de quienes se oponen a la despenalización se llaman a sí mismos abolicionistas, invocando intencionalmente la batalla para terminar con la esclavitud.

Puesto que los abolicionistas perciben a estas mujeres como víctimas, en general se oponen a su arresto. Sin embargo, quieren seguir usando el derecho penal como un arma de desaprobación moral para perseguir a los clientes de sexo masculino, junto con los proxenetas y los traficantes, pero este enfoque enreda a las trabajadoras sexuales en una maraña legal.

Las líneas de combate de las feministas estadounidenses en la batalla contra la venta de sexo se establecieron en la década de De un lado estaban las feministas radicales como la escritora Andrea Dworkin y la abogada y jurista Catherine MacKinnon. Fueron las primeras abolicionistas: Se relegó a las sexo positivas a la periferia.

Las abolicionistas querían borrar la tradicional distinción legal entre prostitución forzada y prostitución consensuada para que siempre se considerara trata de personas. En trataron de convencer al Presidente Bill Clinton y también a Hillary Clinton, que era presidenta honoraria del Consejo para la Mujer del gobierno de Clinton de que adoptara esta amplia definición en un tratado penal internacional y una ley federal sobre la trata de personas.

Perdieron la batalla para definir todas las formas de prostitución como trata de personas durante el gobierno de Clinton. Cuando se eligió a George W. Bush en el año , Hughes y otras abolicionistas conformaron una coalición con grupos religiosos, incluyendo a republicanos evangélicos, para que hicieran presión política ante el nuevo presidente.

IJM recibía cientos de donaciones provenientes de los Estados Unidos. Después de algunas redadas llevadas a cabo por fuerzas policiales en India e Indonesia, se deportó a niñas y mujeres que quedaron detenidas en instituciones donde sufrieron abusos y se les obligó a tener sexo con la policía, de acuerdo con un boletín de de la Organización Mundial de la Salud y la Coalición Mundial para las Mujeres y el SIDA.

Dos años antes, cuando el IJM informó que había menores en un burdel de Tailandia, la policía hizo una redada y encerró a las mujeres que trabajaban ahí en un orfanato. Burkhalter dice que no recuerda la pregunta de Girard, pero la policía no permitió que IJM participara en la redada en Tailandia.

Melissa Farley, una psicóloga que recibió fondos del gobierno de Bush, escribió en en la revista Women and Criminal Justice que cualquier mujer que afirmara haber escogido la prostitución estaba actuando de manera patológica: Los investigadores no abolicionistas la criticaron por presentar el daño brutal de algunas experiencias de prostitución como una realidad casi universal sin evidencias sólidas.

En , la Corte Suprema derogó la necesidad de la garantía antiprostitución para los grupos en Estados Unidos, pues consideró que violaba sus derechos de libre expresión. Sin embargo, la decisión no se aplica a grupos extranjeros, que siguen sin poder recibir financiación federal para la lucha contra el Sida si apoyan el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales. El debate actual sobre el trabajo sexual en Estados Unidos a menudo se enmarca en la elección de distintos sistemas legales internacionales.

Los abolicionistas se apegan a lo que llaman el modelo sueco o nórdico. En , a instancias de las feministas, el parlamento sueco aprobó la Ley de Adquisición Sexual, que establecía la compra de sexo como delito. Una década después, Suecia anunció una reducción de hasta el 50 por ciento de la prostitución en las calles y proclamó que la ley había sido un éxito.

Aunque nadie había registrado datos sobre la prostitución en las calles antes de que se aprobara la ley, la disminución de la que se hablaba se convirtió en el mayor atractivo en un sistema que castigaba a los hombres. Los activistas del trabajo sexual rechazan este modelo. Sus amigas, también inmigrantes, al igual que muchas mujeres que venden sexo en Suecia y Noruega, la buscaron cuando no apareció. En las redes sociales, las trabajadoras sexuales estadounidenses mostraron su empatía con sus hermanas francesas, que hicieron una marcha de protesta.

Australia ha adoptado un modelo legal muy diferente del sueco. En , un estado australiano, Nueva Gales del Sur, derogó sus leyes penales contra la prostitución, con lo cual dieron libertad a los adultos que estén de acuerdo con vender y comprar sexo; también permitieron que los burdeles operaran como muchos otros negocios en otros estados australianos hay otras leyes.

Cuatro años después, Nueva Zelanda implementó la despenalización total. Los abolicionistas predijeron que habría un aumento explosivo de prostitución. Hace unos cuantos años, una dominatriz y activista de Seattle que se hace llamar Señora Matisse viajó a Australia durante tres semanas y pasó una de ellas trabajando.

Atendía a tres o cuatro clientes cada noche y luego iba a la playa. Matisse comparó el trabajo en Australia con su trabajo en un burdel de Nevada hace varios años. Prefiere Australia por mucho. En Alemania hay un comercio que también se clasifica en dos modalidades. El país se convirtió en un destino creciente para el turismo sexual después de que en se introdujeran nuevas reglas para el comercio sexual legal, con un estimado de Las inmigrantes que trabajan fuera de la ley, a algunas de las cuales engañan para que crucen la frontera, enfrentan la misma amenaza de deportación que en Suecia.

Mientras tanto, los requisitos para la licencia subieron el coste de establecimiento de burdeles, con lo que se favoreció a las cadenas y empresas grandes, incluyendo un burdel de 12 pisos y luces de neón en Colonia. Ese no es el modelo por el que luchan las trabajadoras sexuales, pues les quita autonomía. Melissa Farley, la psicóloga e investigadora abolicionista, rechaza todos estos modelos. Para Amnistía, la lección es que la despenalización no es como oprimir un botón: Hay señales de que esto ya ha comenzado: Hace sesenta años, después de que Gloria Steinem se graduara del Smith College, pasó dos años en India becada para observar la reforma agraria basada en aldeas.

Hasta hace poco, las feministas de la India compartían la opinión de Steinem sobre la prostitución, pero muchas han ido cambiando poco a poco su manera de pensar. Políticas y representaciones de la prostitución. Se suele citar a Simone de Beauvoir, quien en su célebre libro El segundo sexo de afirma que, desde el punto de vista económico, la prostituta y la mujer casada ocupan posiciones simétricas. El segundo sexo, Siglo xx, Buenos Aires, , p.

Preciado sin que esto colisione con su defensa del derecho al trabajo sexual:. El trabajo sexual consiste en crear un dispositivo masturbatorio —a través del tacto, el lenguaje y la puesta en escena— susceptible de poner en marcha los mecanismos musculares, neurológicos y bioquímicos que rigen la producción de placer del cliente.

Como el publicista, su trabajo consiste en crear formas específicas de placer a través de la comunicación y la relación social. Como todo trabajo, el trabajo sexual es el resultado de símbolos, de lenguaje y de afectos.

Frente a esta definición eufemística, Andrea Dworkin —escritora y militante feminista estadounidense— se enfoca en lo concreto: Es el uso del cuerpo de una mujer por parte de un hombre para tener sexo, él paga dinero, él hace lo que él quiere. El minuto en el que te alejas de qué es realmente, te alejas de la prostitución y te adentras en el mundo de las ideas. La prostitución no es una idea. Es la boca, la vagina, el recto, penetrados usualmente por un pene, a veces por manos, a veces por objetos, por un hombre y luego por otro, y luego por otro, y luego por otro, y luego otro.

Eso es lo que es. Desde fines del siglo xix y hasta mediados del xx , el tema dio lugar a intervenciones de organismos internacionales como la Sociedad de las Naciones, Estados y organizaciones de la sociedad civil El primer congreso contra la trata se realizó en , aunque el reconocimiento internacional se había concretado en Ginebra en La separación entre trata y prostitución es destacada por los sectores a favor de la legalización del trabajo sexual, que consideran que la legislación basada en la Convención de confunde ambos fenómenos Dolores Juliano: Muchas autoras, desde una mirada economicista, superponen trata con migraciones por razones económicas, sin desconocer que también hay factores vinculados a la discriminación contra las mujeres.

Ello nos distrae de la tarea muy necesaria de hacer cesar la explotación en todos los sectores de actividad …. Es cuantiosa la bibliografía que relaciona la prostitución con la feminización de las migraciones, sin que se establezca una clara diferenciación entre migración y trata. Son numerosas las autoras que remarcan que han resurgido los mercados de personas como un gran negocio emergente.

Colombianas y ecuatorianas en los servicios domésticos y sexuales, acsur Las Segovias, Madrid, , p. En esta línea de pensamiento se combinan argumentos economicistas con otros de género para explicar el alto porcentaje de inmigrantes en los circuitos prostibularios europeos.

Para Juliano, las mujeres migran tanto por razones económicas como de género Cit. Explorando la sexualidad femenina, Revolución, Madrid, Pensarla como identidad es plantearla solo en el terreno de la libertad sexual, dejando fuera la dimensión económica. El contrato sexual, Anthropos, Barcelona, , p. Dictionnaire critique du féminisme, puf, París, , p. Sin posibilidad de profundizar, es necesario decir que hay una tensión entre pensar la prostitución como identidad o como trabajo, lo que conduce a la necesidad de reflexionar acerca del rol que la sexualidad tiene en la construcción de las subjetividades para no caer en reduccionismos y desconocimientos de la complejidad, así como de la importancia que tienen en la autodefinición e identidad personal y política la identidad de género, de clase, etc.

La construcción de las identidades no solo se basa en la esfera sexual, como tampoco se puede reducir la subjetividad de las mujeres prostituidas a sus conductas sexuales. El mismo texto de Rubin, como hemos visto, es ambiguo en ese punto. Hay quienes acuden a Karl Marx para justificar el trabajo sexual y también se acude a él para lo contrario. Entre quienes tienen una mirada economicista de la prostitución hay marxistas, sectores del feminismo, liberales y neoliberales.

No contemplan la explotación sexual. Las corrientes críticas a la legalización plantean que si bien Marx puso al descubierto la lógica del capital, no hizo lo mismo con la lógica patriarcal estructurada; así lo demostró Claude Lévi-Strauss a partir del intercambio de mujeres por parte de los varones, que no es lo mismo que la prostitución, dado que la prostitución es una forma de acceso sexual a las mujeres a través de un pago.

La plus belle historie de femmes, Seuil, París, Solo como ilustración del discurso de quienes pagan por sexo, v. Ella tiene el poder de… de… fingir, digamos… Tiene ese ancho en su manga. O de disfrutar cuando le quepa. Y uno tiene el poder de la plata. Lo que pasa es que a vos te despojan del poder …. Pateman rechaza comparar la prostitución con un trabajo como cualquiera, entre otras razones porque el uso de los servicios de una prostituta no es igual a contratar a un obrero.

Agrega que resulta difícil de entender. También me cuesta entender cómo una institución creada por el patriarcado como uno de sus pilares, una institución que juega un papel fundamental en determinada construcción sexual y de los géneros, ha terminado siendo defendida por feministas.

Sin embargo, y a pesar de los avances en el reconocimiento y la legitimación de sexualidades que contradicen el modelo heterosexual y reproductivo, ambas persisten con pocos cambios. El matrimonio parece incluso fortalecerse con aperturas a matrimonios que reconocen la diversidad sexual, y la prostitución sigue siendo considerada imprescindible, sea por su presencia histórica, sea porque no se pone en discusión seriamente el significado de la sexualidad prostituyente, considerada aun por quienes admiten y defienden el trabajo sexual como una sexualidad genéricamente subordinada.

Sin embargo, los varones son pocas veces nombrados. Recientemente comienzan a multiplicarse estudios orientados a este actor fundamental de la prostitución Ver Sven-Axel Mänsson: Reflexiones acerca de los clientes de la prostitución, Topía, Buenos Aires, En el campo de las ciencias sociales, el tema comienza a ser objeto de investigaciones.

Hay también estudios estadísticos para países europeos. En síntesis, todos trabajos que se inscriben en una línea que considera la prostitución como una cuestión masculina. Otros trabajos conceptualizan la prostitución como un tema de desigualdad.

Muchos son los dilemas jurídicos que plantea el actual debate, que son a la vez dilemas éticos y políticos. En una primera aproximación, pareciera que lo jurídico predomina y que todo se resolvería con cambios en la legislación. Y si bien hoy se ha vuelto a hablar de la prostitución como esclavitud, cabe preguntarse si este uso no es anacrónico, ya que cuando las abolicionistas inglesas del siglo xix —que introdujeron el concepto— hablaban de abolicionismo, se referían a la abolición de las regulaciones sanitarias y policiales y no a erradicar la prostitución.

En este sentido, entre las preguntas que deberían responder las corrientes que proponen legalizar la prostitución como trabajo, se encuentran las siguientes: El tema del consentimiento es típico de las discusiones acerca de la sexualidad para establecer los límites entre una sexualidad libre y una sexualidad coactiva.

Otras son las preguntas que deberían responderse desde las corrientes abolicionistas. En este caso, los desafíos son:

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