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Es la calle Robadors , en pleno centro del barrio del Raval. El corazón negro de Barcelona. El mítico barrio chino. Desde el siglo XVIII, el hogar de prostitutas, contrabandistas, pendencieros, traficantes, buscavidas y otras gentes de vida difícil.

La auténtica Babilonia de la ciudad condal, por su diversidad. La calle Robadors es casi el centro. Un callejón largo, estrecho y sombrío al final. Robadors es la aldea de irreductibles que se resiste a que el barrio acabe gentrificado e invadido del todo por guiris y hipsters, hospedados todos en coquetos apartamentos vacacionales de Airbnb.

La calle Robadors es el emblema del Raval, porque es el lugar en la que las prostitutas han ejercido su trabajo históricamente en la calle. En Robadors hay varios edificios viejos y vacíos.

Quieren ubicar allí a la Putas Indignadas , un colectivo de prostitutas que reivindican la dignidad del oficio y reclaman mejoras en su sector laboral. Las prostitutas esperan a los clientes a lo largo de los metros de la calle Robadors.

La idea es que las chicas sigan captando clientela en la calle, pero que dispongan de un lugar digno donde hacer su trabajo. Ahora tienen que recurrir a habitaciones por horas; a menudo les cobran tanto que les cuesta casi tanto como lo que perciben por servicio.

El edificio ocupado vendría a solventar esas carencias. Que el propietario del edificio es el Ayuntamiento de Barcelona y Ada Colau tenía otros planes para la finca.

Su idea era rehabilitarla e instalar siete pisos de protección oficial. Ahora los miembros de las CUP se han hecho fuertes en el lugar y el Ayuntamiento intenta hablar con ellos para llegar a un acuerdo antes de fin de año, que es cuando tienen que empezar las obras de habilitación de los pisos sociales. Mientras, los vecinos se debaten en esta disyuntiva: A través de la reja se ven dos chicos con cresta que limpian el interior edificio.

Apenas me acerco a preguntarles me cierran la puerta en la cara. Sí que queda una bandera negra antifascista y otra lila con el símbolo femenino en blanco. Las prostitutas siempre han estado en el barrio desde que es barrio.

En se derribó la muralla que separaba el Raval de la ciudad de Barcelona. La miseria llama a la miseria y el vicio llama al vicio, por lo que también se establecieron allí traficantes, contrabandistas, ladrones, fugitivos y proxenetas.

El edificio ocupado es el 43 de la calle Robadors DLF. Se instalaron los primeros burdeles, que se multiplicaron en el siglo XIX. El que dice burdeles dice prostitutas que ejercen en la calle, que es una estampa típica y sigue perviviendo.

Y lo siguen haciendo de día, como es tradición: A partir de esa hora eran detenidas y trasladadas a calabozos. La proximidad de la zona con el puerto hacía que los marineros acudiesen al barrio buscando compañía femenina durante sus fugaces escalas en Barcelona.

El marginal Raval se acabó convirtiendo en el epicentro de la prostitución de Barcelona. En el siglo XIX, las calles eran un auténtico mercado de la carne en los que incluso se celebraban tómbolas regalando coitos: En casi cada edificio había una taberna y una casa de lenonicio. Mientras, las mujeres eran obligadas a realizar aquellas maratonianas jornadas laborales en condiciones infrahumanas. Vivían en régimen de esclavitud. En cambio, el barrio chino de Valencia era esencialmente huertano.

No olía a detritus de puerto ni a pescado podrido, sino a efluvios de las frutas y verduras de la huerta, sobre todo de cebollas cuando el viento soplaba de la parte de Liria.

Para llegar hasta allí había que adentrarse por la trasera del mercado central en el laberinto de las calles Maldonado, Carniceros, Torno del Hospital, Vinatea, Poeta Llombart y otros rótulos míticos en el camino de perdición, alrededor del cine Palacio, entre sucios escaparates con anuncios de gomas y de aceite inglés.

A primera hora de la mañana había silencio en el barrio. A raíz del Concordato con la Santa Sede de la prostitución fue prohibida oficialmente en España. Las chicas realizaban el trato con sus clientes en la calle o en los bares de alrededor y después se los llevaban a una pensión regida por la madama, bajo la vigilancia permisiva de la policía, que solía cobrarse los favores en carne fresca, recién llegada del pueblo.

Por las escaleras pringosas de esas pensiones subían y bajaban huertanos que, tal vez, acababan de descargar el carro de verduras en el mercado central. La calle del poeta Llombart era muy popular entre los labriegos, porque era el corazón del barrio. El nombre de ese desconocido poeta estaba unido al pecado y se pronunciaba en voz baja como una contraseña. Era la clave secreta para una noche de placer. No hay mejor academia ni timbre de gloria.

Hace dos años, el modelo que se había aplicado al barrio simplemente se colapsó. Quién sabe si ayudado por la recesión económica, o por esa especie de entropía urbana que Manuel Delgado llama la resistencia de la urbe, la gentrification empezó a recular. Los grupos hosteleros empezaron a cerrar sus locales de la Rambla del Raval. Los irritantes vecinos de toda la vida, contra todas las previsiones, no se fueron. De hecho, siguen aquí. Y el crimen, lejos de responder a las ordenanzas por el civismo, ha aumentado estratosféricamente, obligando a los vecinos y comerciantes a movilizarse.

En todo caso, el Raval vuelve a encarnar su tradicional papel de grano en el culo de la ciudad. No hay ninguna ingenuidad en decidir que un barrio deje de servir los intereses de la gente que vive en él, desmantelar su tejido comercial y vendérselo a la industria turística.

A esa situación no se llega por accidente. Lo ingenuo es creer que esa ruptura de un ecosistema ya precario no iba a generar el "efecto llamada" de una nueva clase criminal. Una nueva clase criminal en toda regla, literalmente fuera de la ley, es decir, intocable por ella. Traficantes a los que no se puede encerrar por ser demasiado jóvenes, prostitutas a las que no se puede deportar por no tener papeles, etcétera.

La idea es que las chicas sigan captando clientela en la calle, pero que dispongan de un lugar digno donde hacer su trabajo. Ahora tienen que recurrir a habitaciones por horas; a menudo les cobran tanto que les cuesta casi tanto como lo que perciben por servicio. El edificio ocupado vendría a solventar esas carencias. Que el propietario del edificio es el Ayuntamiento de Barcelona y Ada Colau tenía otros planes para la finca.

Su idea era rehabilitarla e instalar siete pisos de protección oficial. Ahora los miembros de las CUP se han hecho fuertes en el lugar y el Ayuntamiento intenta hablar con ellos para llegar a un acuerdo antes de fin de año, que es cuando tienen que empezar las obras de habilitación de los pisos sociales. Mientras, los vecinos se debaten en esta disyuntiva: A través de la reja se ven dos chicos con cresta que limpian el interior edificio.

Apenas me acerco a preguntarles me cierran la puerta en la cara. Sí que queda una bandera negra antifascista y otra lila con el símbolo femenino en blanco. Las prostitutas siempre han estado en el barrio desde que es barrio. En se derribó la muralla que separaba el Raval de la ciudad de Barcelona.

La miseria llama a la miseria y el vicio llama al vicio, por lo que también se establecieron allí traficantes, contrabandistas, ladrones, fugitivos y proxenetas. El edificio ocupado es el 43 de la calle Robadors DLF. Se instalaron los primeros burdeles, que se multiplicaron en el siglo XIX.

El que dice burdeles dice prostitutas que ejercen en la calle, que es una estampa típica y sigue perviviendo. Y lo siguen haciendo de día, como es tradición: A partir de esa hora eran detenidas y trasladadas a calabozos. La proximidad de la zona con el puerto hacía que los marineros acudiesen al barrio buscando compañía femenina durante sus fugaces escalas en Barcelona.

El marginal Raval se acabó convirtiendo en el epicentro de la prostitución de Barcelona. En el siglo XIX, las calles eran un auténtico mercado de la carne en los que incluso se celebraban tómbolas regalando coitos: En casi cada edificio había una taberna y una casa de lenonicio.

Mientras, las mujeres eran obligadas a realizar aquellas maratonianas jornadas laborales en condiciones infrahumanas. Vivían en régimen de esclavitud. En el año , tres prostitutas murieron al arrojarse del balcón del 14 de la calle Est, intentando escapar del burdel en el que estaban recluidas. La proliferación de meretrices en la zona también provocó que se instalasen allí las primeras clínicas de Barcelona especializadas en enfermedades venéreas.

Aquel edificio también se ocupó ilegalmente. Al final fueron desalojadas y volvieron a la calle. Algunas mujeres esperan a sus clientes sentadas en los escalones de los locales de la calle DLF. Las visitan cada día, les proporcionan preservativos, se preocupan por sus necesidades y las remiten a la oficina consistorial ante cualquier requisito mayor. Ninguna de las dos chicas se pronuncia sobre este conflicto. Ellas no se pronuncian. Trabajan para el Ayuntamiento pero lo hacen con prostitutas.

Entienden ambas posturas y prefieren no mojarse. En , tres prostitutas fueron agredidas de gravedad con cuchillos, palos y jeringuillas. Por 'casa de yonkis' se refiere aun piso ocupado que funcionaba como narcosala clandestina.

barrio chino barcelona prostitutas prostitutas para menores Al día siguiente, después de misa de doce, cumplido el precepto, llevaban a su esposa del brazo a comprar el tortel en la pastelería de igual confianza. Pero un local como aquel no puede quedar reducido al pequeño espacio en el que tuve que comprimir su historia. Mientras, los vecinos se debaten en esta disyuntiva: A raíz del Concordato con la Santa Sede de la prostitución fue prohibida oficialmente en España. En el barrio de las Drassanes se vivía en plena calle porque la gente no cabía. La calle del poeta Llombart era muy popular entre los labriegos, porque era el corazón del barrio.

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